LA GRIETA DEL OLVIDO

Por: Gerardo Soria Guzmán

Mayo | 28 | 2018

 

Este plexo de sol eclipsado

crepita dolorosamente

bajo el peso de la muerte

maquillada con sombras de la sangre

y osamentas de recuerdos tiernos.

Caída libre al abismo

de un infierno particular... bien propio.

Veo el crepúsculo de un mundo marchitado

que a tu frente acaricia

con la mano en resquebrajo.

 

Miedo que ingieres mientras huyes.

Silencios arrancando nuestros rostros.

Pechos asfixiados bajo ruinas de salitre.

Entropía devorando las miradas primigenias.

Pequeña flor de jazmín

¿Dónde esta hoy tu perfume?

las puertas eran níveas y anchas

y el sendero, versaba al alba.

Hoy me cruje tu abandono

tu salida por la grieta del olvido.

 

EL BESO SAGRADO

Por: Gerardo Soria Guzmán

Abril | 29 | 2018

 

Levito suavemente

en la tierra de los sueños

sentado en el precipicio

de mi propia existencia

como un árbol enraizado

en el centro de una estrella.

 

La serpiente-mujer me da su beso marino

cuya lengua perfora mis entrañas

diluyendo costras tornasol

de mi perdida humanidad,

enrosca sus cabellos

en las llagas de mis pies y manos

soy marioneta de oscuros vacíos

silencios inmóviles

jirones de voluntad.

 

Solo blancos huesos

magnetizados a su verde pensamiento

tsunami ella, arrancando mis pedazos

me escupe a las llamas

de una blanca aldea.

Desnudo y cegado

reconozco los felinos alientos

que constelan en torno

a una sagrada comunión

guardianes del fuego eterno.

 

Erguido ahora

soy las fauces del jaguar

que así mismo se devora,

coletazos del instinto

flagelando la conciencia,

zarpazos a los barrotes del ego

que encierran a un niño que llora.

 

Mientras todo sucede

solo danzo, danzo, danzo

danzo con la serpiente-mujer

con la mujer-serpiente danzo

que besa y muerde

que muerde y besa

que me deja la muerte

suspendida en la frente.

Diluyo mi cuerpo

en los lácteos brazos de esta vía

un camino encontrado,

nunca más perdido.

 

Susurra ella a mi oído izquierdo

la profecía esparcida por el viento

de un mundo sin rasguños

sin espacio, sin tiempo

un blanco espejo de recuerdos

con la mirada del león

que medita su silencio

en el centro de una cruz.

 

Guardándose hacia adentro

inmóvil y callado

reduce su rugir

a un compacto y majestuoso

grano de universo

con sabor a miel

que me lamo en la mano

mientras veo fijamente

a un líquido sol blanco.