DESDE LA SOMBRA

Por: Gerardo Soria Guzmán.

Septiembre | 15 | 2016

 

En la penumbra de tu habitación, agazapado estoy, mientras duermes. Noche fría y triste, donde atestiguo la belleza de tan suave piel, arropada por esa luna que envidia tu blancura.

 

De tu cuerpo veo emanar sueños de cristal que te llevan por los arreboles del alma, nutriendo la fantasía del amor. Fascinado estiro mi mano derecha y el dedo índice trata de tocar esa felicidad alimentada por mí mismo. Sin darme cuenta entierro el negro y afilado dedo índice que perfora tu pecho.

 

Abres los ojos desmesuradamente y lloras sin poder hablar, los sueños se fracturan en miles de esquirlas que se encajan en tu mente. Ahora ves el monstruo que en realidad soy, sacándote el corazón que comienzo a comerme para sentir tu amor.

 

 

A UN PASO DEL CUARTO PISO

Por: Gerardo Soria Guzmán.

Marzo | 1 | 2014

 

Yo soy yo, este que tú ves, pero observa más allá, que también soy este que no ves.

Soy un hombre entero con la esencia de un niño. Un hombre completo en todo sentido.

Mi constante es el cambio, la adaptación, la reinvención.

¡Me destruyo para emerger!

¡Me destruyo para emerger!

¡Me destruyo para emerger!

He dejado libres a mis tremendos demonios y ahora caigo en cuenta que nunca lo fueron.

Que son parte de mi fuerza y mi propio credo.

Soy amante de la vida, de las artes, del conocimiento,

…de los placeres mundanos sin remordimiento.

Se lo que quiero y también lo que no quiero.

Soy abrazo para el amigo, oído del que habla, palabra del que escucha.

Hombro del que llora, reflexión del pensamiento.

Tengo 39 años y me siento pleno, soy un fuego crepitante, que va en aumento.

Lo mejor de mi vida viene, eso, lo presiento.

Seguiré avanzando en este camino, fluyendo con el viento.

Dejando huella en cada corazón abierto.

Yo soy yo, este que tú ves, pero observa más allá, que también soy, este que no ves.

INSOMNIO

Por: Gerardo Soria Guzmán

Octubre | 10 | 2015

 

No puedo dormir. Algo diferente hay en el aire. ¡Naaa!, solo es sugestión de saberme solo en esta casona vieja del centro y la absoluta oscuridad, hace rato que cayó. Envolvió todo sin percatarme. Se siente pesada como cobija mojada, hasta puedo tocarla y esta digamos etéreamente fría.

 

Tal vez estoy algo distraído con algunos detalles que de manera “indiferente” he tenido a bien notar. Como la sombra en la ventana que ha estado mirándome fijamente durante un largo rato y que se ha movido ahora que la volteé a ver o ¿serán esos pasos que se arrastran atrás de la puerta? O la manija que se mueve excitada y al mismo tiempo frustrada por el seguro que bien atiné a colocar.